Mi encuentro con babosas alcohólicas, bichos que se embriagan hasta el punto de la muerte

slug-387238_1280

Después de leer un artículo sobre el descubrimiento del Dr. Floyd F. Smith de la División de Investigaciones de la USDA en Beltsville, Maryland, acerca de que las babosas se sienten atraídas por la cerveza y se ahogan en ella, decidí probarlo por mí misma. Los resultados me han dejado vislumbrar algo sobre la sicología de las babosas.
Coloqué una pequeña cazuela llena de cerveza después de excavar una pequeña depresión en el suelo del jardín, de manera que el borde la cazuela quedara al nivel del piso. La mañana siguiente encontré trece babosas muertas, más de las que había visto en todo un mes. Si, el sistema del Dr. Smith era realmente efectivo.
Más tarde, cuando me preparaba a regar las matas, pensé en quitar la cazuela para no diluír la cerveza. Pero ¿que ví?. Una babosa estaba trepando por el borde de la cazuela para acercarse al tentador líquido. Me sentí encantada con esta oportunidad de presenciar lo que ocurriría. La babosa acercó su cabeza a la superficie de la cerveza y la retiró de inmediato. Trató de nuevo, y de nuevo se arrepintió. La tercera vez se acercó más cautelosamente, metió la cabeza dentro de la cazuela y se quedó inmóvil por algún tiempo. No podía ver si estaba bebiendo, pero me imaginé que lo hacía a grandes tragos y con gran satisfacción. Después, se arrastró hacia afuera pero cuando se encontró en la tierra, cambió de idea y regresó a la cerveza.
Esta vez se sumergió hasta la cintura, tomó un largo, largo trago, y se arrastró hasta el fondo. Pensé que seguramente pronto se uniría a sus ahogadas compañeras, pero avanzó por el borde inclinado de la cazuela, y con lo que pareció un enorme esfuerzo, alcanzó el borde y la libertad. Como no podía permitir que tan inteligente babosa se me escapara por miedo a que criara generaciones de babosas tan listas como ella, la capturé y la maté.
Después de este interesante interludio, quité la cazuela y bajo su borde encontré otras seis o siete babosas. ¿Habían también empinado el codo? No lo podía saber. Se estaban solo escondiendo, o ¿estaban pasando “el ratón”? Si yo no hubiera interrumpido su sueño, ¿hubieran regresado por más la noche siguiente?¿Qué diferencias sicológicas existen entre esas impulsivas babosas que se meten de cabeza dentro de la cabeza y se ahogan, y aquellas que apenas se toman un trago socialmente y prosiguen su camino?
Muchas preguntas quedan por contestar antes de que podamos entender completamente la sicología de las babosas…